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La llegada del ferrocarril
La situación de aislamiento de Vilanova, impulsó a los comerciantes e industriales a estudiar nuevas rutas. Francesc Gumà i Ferran, hijo de un conocido industrial de Vilanova, puso todo su empeño en conseguir un trazado ferroviario que uniese su localidad con el resto de la red. Cuando volvió de Cuba -donde se había dedicado a actividades comerciales- invirtió buena parte de su capital en la mejora de su ciudad.
En 1877 llegó la anhelada concesión de licencia de construcción de la línea entre Vilanova y Barcelona, sin ninguna ayuda estatal, característica distintiva de la red en Cataluña y sin precedente en la Europa continental. El dinero para su implantación fue posible por la obstinación de Gumà, quien recurrió a su patrimonio, a la suscripción pública y a sus contactos en Cuba para conseguir el capital necesario. Un año después, en 1878, se fundó la Sociedad del Ferrocarril de Valls y Vilanova a Barcelona. El tren llegó a Vilanova i la Geltrú el 29 de diciembre de 1881.
Las expectativas generadas impulsaron la construcción de un ferrocarril original y ambicioso, al que los años de retraso respecto al resto de trazados le permitían elegir las condiciones más ventajosas. En Vilanova i la Geltrú se reservó una gran extensión de terreno entre el barrio marítimo y el centro para la construcción de la estación, los muelles, las vías y las naves para el material (donde hoy se emplaza el Museo). El objetivo marcado por la Compañía no era únicamente crear una estación de primera categoría, sino que iba acompañado de la creación de un amplio complejo con talleres, un depósito de locomotoras, un área de carga y recogida de mercancías etc. |